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Pequeña historia de la moneda.
Agustí Chalaux de Subirà, Brauli Tamarit Tamarit.

El capitalismo comunitario.
Agustí Chalaux de Subirà.

Un instrumento para construir la paz.
Agustí Chalaux de Subirà.

Leyendas semíticas sobre la banca.
Agustí Chalaux de Subirà.

Ensayo sobre Moneda, Mercado y Sociedad.
Magdalena Grau Figueras,
Agustí Chalaux de Subirà.

El poder del dinero.
Martí Olivella.

Introducción al Sistema General.
Magdalena Grau,
Agustí Chalaux.

Notas autobiográficas.

Agustí Chalaux de Subirà.

(Sant Genis dels Agudells, 1911 - Barcelona, 2006).

Nací en Sant Genís dels Agudells, un pequeño pueblo de 15 habitantes, cerca de Barcelona, el 19 de julio de 1911.

Mi padre era un industrial francés que tenía una fábrica de tintes de lana en la calle de los Almogávares, en Barcelona. La madre procedía de la familia de los Subirà, de tradición carlista catalana.

A los cuatro años me llevaron a la escuela Montessori, una de las primeras que se abrieron en Europa.

Mis amigos eran los obreros de la fábrica. Como que vivíamos encima, jugaba con ellos frecuentemente.

De pequeño, empecé a oir hablar de Joan Bardina, conocido de mi padre. Él le ayudaba a afrontar las deudas que con frecuencia generaban sus experimentos escolares, como el de la «Escola de Mestres» («Escuela de Maestros»). Personalmente, sin embargo, no conocí nunca a Joan Bardina.

A los nueve años, los padres me enviaron a Francia a estudiar. Estuve en Toulon hasta terminar el bachillerato.

Horace Finaly (1871-1945).A los 14 anys conocí al banquero Horace Finaly. Estaba paseando cuando ví anunciada una conferencia sobre El rol de los banqueros en la sociedad. Entré. La sala estaba llena de señores con grandes barbas. Cuando Finaly terminó la conferencia solicité la intervención del público. Pedí la palabra pero, como que casi no se me veía, me hicieron subir a una silla. Finaly me dijo que me atendería personalmente al final de la reunión. Este hecho fortuito fué el inicio de una amistad que duró unos 14 años. Periódicamente me encontraba con Finaly y él me contaba experiencias, hechos, conocimientos, informaciones... sobre su vida y sobre su profesión: el desconocido mundo interno de los banqueros. Me decía: cuando tu comprendas y sepas qué hacer de todo lo que yo te digo, no me inquieta en absoluto; hará tiempo que yo «serai chauve» (criaré malvas).

Tres años después de aquel encuentro, en una de les entrevistas periódicas, sucedió un hecho capital. La cita era a las ocho y media de la tarde en el despacho de Finaly. Al llegar, un atento servidor me hizo saber que a monsieur Finaly le sabía muy mal no poder atenderme inmediatamente, porque tenía una reunión importante. Me pedía que le quisiera esperar en la biblioteca.

En primer lugar me entretuve consultando libros. Después me senté en la su mesa-despacho y maquinalmente fuí confirmando que había cajones abiertos. La inquietud de lo profundo del alma no impidió mi osadía de remover los cajones. Todo estaba muy ordenado en carpetas bien tituladas, unas más interesantes que otras. Mi astucia de adolescente tomaba precauciones para conservar el orden de las carpetas. En el fondo del cajón de abajo del todo encontré una carpeta confidencial. Leí su contenido sin entender gran cosa. Era bastante nuevo para mí. Se trataba del informe de una reunión importante celebrada en París en el año 1919. Recuerdo que los componentes exclusivos de la reunión eran J.P. Morgan, sir Henry Deterding y Finaly como anfitrión. En la reunión participaban ellos solos, pero, a veces, llamaban a diferentes expertos, el nombre de los cuales no recuerdo, y les pedían aclaraciones. Aquello que más me interesó fue un resumen que había al final.

El resumen contenía dos puntos:

Primero. Según los expertos, pero también según la opinión general de los grandes economistas de antes y de durante la guerra de 1914, las existencias de oro solamente permitían de cubrir los gastos bélicos durante tres meses. Para superar esta dificultad los banqueros internacionales habían sugerido a los gobiernos el abandono de la convertibilidad en oro de los respectivos papeles-moneda, al menos en el interior de cada Estado.

Segundo. Si el papel-moneda, desvinculado del oro, que se había preconizado y realizado durante la guerra, era ahora, una vez finalizada, racionalizado, permitiría a los banqueros internacionales y a los responsables de las clases poderosas -según los expertos- ganar más dinero que si se mantenía la moneda desinformativa y anónima vigente entonces y hasta hoy.

Conclusión. La decisión de los reunidos fué que no les interesaba racionalizar los papeles-moneda escriturales irracionales vigentes porque, primero, de dinero ya tenían suficiente y, segundo, el papel-moneda irracional actual les permitía el juego (sucio) de la plutarquía mundial.

Mientras estaba sumergido en la lectura apasionada de este informe recibí una bofetada mayúscula que me tiró al suelo. Durante un rato no supe qué me pasaba. Después, Finaly, cambiando de actitud, me ayudó muy gentilmente a levantarme y me pidió perdón. Me hizo ver mi indiscreción ante la confianza que me había demostrado al dejarme solo en su biblioteca con los cajones abiertos. Me iba diciendo que ni un criado suyo hubiese osado hacer aquello que yo había hecho. (Lo dudo, pero seguramente él tenía más espías en casa de los demás que a la inversa).

Después del incidente fuimos a cenar. Nadie no conoció nada del rapapolvo de Finaly. Durante la cena me pidió qué había entendido del informe.

Le dije que prácticamente nada.

- La palabra que más me ha llamado la atención es «plutarquía».
- Poco a poco -dijo- te lo iré explicando.

Aquel día no me explicó nada. Después caería en la tentación de expansionarse conmigo a propósito de todos estos temas tan embriagadores. Tuvo el gusto de abrir su cerebro más recóndito a un adolescente sediento que, en una oscura intuición, había adivinado la importancia de unos cononcimientos mantenidos ocultos por esta casta superior de los grandes banqueros. Finaly me abrió la cabeza con una hacha.

Juntamente con las confidencias bancarias, Finaly me transmitió elementos de la tradición no escrita de Platón. Era un hombre de una gran cultura y muy influyente. De ascendencia judía, había nacido en Budapest el 1871 y murió en Nueva York el 1945. Sucedió a su padre Hugo (1844-1914) al frente de la Banque de Paris et des Pays-Bas y lo convirtió en uno de los primeros bancos de negocios de Francia.

J.P. Morgan -junior-, uno de los que acompañaban a Finaly en la reunión confidencial, había nacido en Irvington, Nueva York, en 1867 y murió en Boca Grande, Florida, en 1943. Había heredado en 1913 la dirección de la firma de su padre S P Morgan and Co. Durante la guerra de 1914 contribuyó ampliamente a sostener el esfuerzo financiero de los aliados. La Banca Morgan estableció una preciosa ayuda al gobierno francés durante la crisis financera de 1926.

Sir Henry Deterding, el tercer participante, era un importante industrial holandés. Desde 1901 fué director general de la Royal Dutch Petroleum Company de Holanda que se unió en 1907 con The Shell Transport and Trading Company Ltd de Londres para formar la famosa Royal Dutch/Shell en concurrencia con la Standard Oil Company de Nueva Jersey de los Estados Unidos. Deterding, nacido en Amsterdam el 1866 murió en St Moritz en 1939.

Apasionado por todos estos descubrimientos empecé a estudiar Ciencias Económicas en París. Finaly tomaba con cierta mofa los problemas que me suscitaban los estudios, ya que consideraba muy poco científicos los conocimientos económicos que impartían en la universidad.

Aconsejado por Finaly y cumpliendo el deseo de mi padre me matriculé en la Escuela de Química de Mulhouse. En esta escuela me estropearon toda la retórica, toda la manera de pensar idealista que yo tenía. Me hicieron decir: los fenómenos se estudian con un método preciso, independientemente de tus creencias éticas, de los ideales transcendentes, de las ideologías y de las pasiones que tengas. Un fenómeno es un fenómeno, una cosa objetiva que se puede estudiar y documentar. Cuando te centras en el estudio de un fenómeno no has de hacer otra cosa que esto. La lógica sirve para estudiar los fenómenos y para nada más. La lógica es un campo de concentración: que entras y sales cuando quieres (no como la religión). Cuando sales de la lógica haz lo que quieras, para la vida corriente no sirve para nada. Esta instrucción básica me ha servido de mucho.

El descubrimiento de este método científico, preciso y riguroso, aplicado a los fenómenos físicos y químicos, me permitió comenzar a enfocar el estudio de los fenómenos sociales y económicos con parecidas precisión y rigor.

El intento de aplicación de este método a los fenómenos políticos ha sido la causa de numerosos conflictos. Cada vez que he ido a un partido político he preguntado: ¿Qué queréis hacer? Me han respondido: Queremos la Justicia, la Libertad, la Igualdad... defender esto y aquello... Yo decía: ¿Qué fenómenos queréis estudiar, qué soluciones concretas proponéis?. No he encontrado otra respuesta que retórica y retórica... El resultado es que tengo más de 80 años y he pasado la vida siendo un solitario que busca, con el estudio de los fenómenos humanos, propuestas a experimentar.

Cuando a veces venía a Barcelona, me encontraba con los obreros de la fábrica y con los del sindicato textil del Clot. Conocí a Ferriol y todo un grupo de gente muy inteligente. Reencontraba el ambiente libertario que de pequeño había mamado en la fábrica. Me dolía el contraste entre los fuertes ideales de aquel momento y la manipulación de los idealismos por un grupo de realistas que sacaban partido. Un obrero, a quién le llamaban el Jesucristo de la Rambla, me dijo: Has de buscar la manera de transformar los ideales en realidades, porque vivir de ideales es muy bonito pero no conduce a ningún sitio; has de buscar como liberarnos totalmente.

Un dia, en Palestra1, después de una reunión, yo y Llopis el malo nos declaramos insurgentes contra Batista i Roca porque encontrábamos que Palestra quería imitar demasiado las juventudes checoslovacas que en aquel tiempo estaban de moda. Entonces creamos una pequeña asociación que se llamaba Via Fora. El catalanismo del momento (Liga Regionalista, Acción Catalana...) era burgés y nadie se ocupaba del pueblo catalán. Este pueblo lleno de aspiraciones libertarias no sabía como darles forma.

Disponía de la intuición de Finaly y del método científico de Mulhouse. Los acontecimientos de 1936 me mostraron crudamente que la aspiración libertaria no era suficiente para hacer la revolución.

La primera cosa que aprendí fué que la huelga general fallaba cuando la gente había de salir de casa para ir a comprar. Hacía falta preparar la huelga general con suficiente comida en casa para aguantar un mes.

La segunda, que uno no ha de lanzarse a la revolución sin tener los instrumentos preparados para llevarla a cabo y sin tener el dinero necesario para hacerla.

Dos conversaciones tenidas en los primeros meses de la guerra me mostraron esta necesidad de una revolución bien preparada.

La chispa me fué dada el día que Abad de Santillán me dijo, referente a la moneda y a la banca, el mes de septiembre de 1936, exactamente la misma conclusión que había sacado de mis largas conversaciones con el banquero Finaly: Ya hemos perdido la guerra y la revolución por no haber sabido, desde un principio, dominar la moneda y la banca como instrumentos al servicio del pueblo; hemos considerado, como unos adolescentes, que las armas y la violencia lo eran todo.

Esta declaración de Abad de Santillán corroboraba las palabras de otro dirigente de la CNT, Mariano Vázquez: durante veinte años nos hemos preparado para obtener «la Luna en un cubo», ahora que ya la tenemos, no sabemos qué hacer con ella; hemos estudiado y practicado todos los caminos de la revolución, pero no hemos previsto qué hacer del comandamiento sin trabas que nos ha dado la revolución.

Aquel día de la conversación con Abad de Santillán decidí que estudiaría a fondo el problema planteado según la técnica realista que me habían enseñado en la Escuela de Química: todo fenómeno podía ser dominado a través de un análisis reductor y de una expresividad matemática, a condición de ponerle el precio correspondiente. El precio yo estaba dispuesto a pagarlo con toda mi vida y toda la vida de las personas que sintiesen nacer en ellas la misma vocación de bien común al entero servicio del hombre.

Aquellos años empecé a escribir sobre los estudios e investigaciones que realizaba. La mayoría de los materiales se perdieron en dos ocasiones. En 1939, el director de la fábrica quemó todos mis papeles en la caldera para evitar problemáticos registros. Cuando más tarde en Francia había vuelto a rehacer nuevo material, tuve que dejar unos 20 baúles llenos de papeles en casa de un amigo, de los cuales nunca más he sabido nada.

En la guerra española pude ser un observador crítico y activo por mi nacionalidad francesa. Colaboraba con los sindicalistas y hacía de gerente de la fábrica que nunca fué colectivizada y trabajó a pleno rendimiento. Al comenzar el año 1939, con la inminente ocupación de Barcelona, preferí ir a París y esperar los acontecimientos.

El inicio de la segunda guerra mundial me cogió, entonces, en París. Fuí movilizado en la Escuela de oficiales de artillería. En seguida, después de la ocupación alemana, el Gobierno de Petain me desmovilizó, y de nuevo reemprendí mis estudios y reflexiones. Un amigo de la familia me invitó a ir escribiendo mi libro en su casa. Me quedé nueve meses. No hacía otra cosa que pensar y repensar el problema. Al cabo de este tiempo, una insolencia me hizo huir. Era un pueblo pequeño y un vecino me trató de parásito. A pesar de la bondad del amigo que insistía en quedarme, otra vez tuve que ganarme la vida, desde las 5 de la mañana a las 8 de la tarde, sábados incluídos, como proletario consciente y organizado, enterrando el estudio iniciado.

Pronto, gracias a un anuncio del diario, me contrató un simplón con dinero que quería un secretario. Tenía despacho, papel, provisiones... sin haber de hacer gran cosa. Aproveché la ocasión para estudiar a fondo el problema pendiente.

Al volver a Cataluña, en el año 1945, perdí todos los libros y papeles. Como que la cabeza y la memoria funcionaban, me ví libre de no poder ser fiel a mis textos, quizá erróneos, a pesar de que fuesen apreciados por el mucho trabajo que en ellos puse.

Durante estos años era lector asiduo de la Semana Internacional que editaba Joan Bardina desde Chile. Su lectura me inspiraba numerosas y originales ideas, muchas de las cuales aún comparto.

Hasta el 1956 había creído en la violencia revolucionaria. A partir de esta fecha, con la ocupación de Hungría, y analizando los numerosos fracasos históricos, descubrí la inviabilidad de la violencia. Con la violencia el Estado es prácticamente indestructible porque tiene todos los medios para mantenerse (ejército, policía, dinero, armas...). Mi opción es por la no-violencia inteligente y activa. Es decir, la no violencia ha de hace una llamada a la consciencia, a la acción y a la inteligencia del adversario; no se ha de limitar a hacer una llamada solamente a la consciencia, porque acostumbra a costar mucho de despertarla.

Dentro del sistema actual todavía se puede hacer política, pero hay que ser inteligente. Normalmente los que están dentro del sistema no son capaces de imaginarse uno de nuevo, ni son capaces de hacer política dentro del sistema.

Yo soy un ladrón de ideas. De ideas propias tengo pocas porque considero que el mundo es tan viejo que no vale la pena romperse la cabeza intentando alguna idea radicalmente nueva.

De mi vida en Barcelona, una vez dejé el trabajo de químico sobre el año 1968, el famoso año en que todo hervía, en el qué la gente quería cambios, en el que la situación del país estaba muy encorsetada y nos venían aires más frescos de nuestro país vecino, Francia, unos cuántos sacerdotes (obreros, monjes, rectores, canónigos…) muy preocupados por el ambiente político y social que se respiraba, supieron aprovechar las ventajas de una plataforma tan intocable como era la Iglesia para montar unos pequeños corpúsculos que se llamaban Comunidades Cristianas de base. Cada una de estas comunidades hacía lo que podía, unas más socializadoras, otras más politizadas y otras que estaban más preocupadas por el tema puramente religioso. Cada comunidad tenía un coordinador que era a la vez transmisor de aquello que podríamos llamarle «la cúpula» la cual se fue fraccionando en: Solidaridad, La misa para todos, La Universidad del carrer y otras más polarizadas.

En la Universidad del carrer que posteriormente se oficializó la organización como Instituto de conferenciantes y tertulianos, con título académico o sin él, ponían al alcance de los asistentes los conocimientos que habían adquirido o creado, sobre temas muy diversos y que, en aquellos tiempos del franquismo, era difícil de encontrarlos en otros lugares. Yo la frecuentaba mucho y alguna vez intervine como conferenciante.

Durante algunos años estas reuniones y tertulias fueron acogidas en la sala Claret , buen cobijo, pues no se permitían reuniones de más de tres personas sin permiso de la autoridad y, evidentemente, nunca nadie pidió ningún permiso. Al llegar la democracia y abrirse otros foros, como los ateneos populares y las asociaciones de diferentes tendencias, se consideró aquella una etapa acabada y las personas más emblemáticas en especial Oriol Albó, Canónigo del Camerún , que en aquel momento residía en Barcelona y Lluís M. Xirinacs ex senador por Barcelona, ambos dieron todo su apoyo a mi proyecto los cuales se incorporaron posteriormente. Para tirar mi proyecto adelante se creó el Centro de Estudios Joan Bardina, una asociación sin ánimo de lucro que se fundó el 25 de octubre de 1984 con los siguientes socios fundadores. Agustí Chalaux de Subirà, Xavier Espar Ticó, Magda Grau Figueras, Lluís Maria Xirinacs, Laura Fusté Dalmases, Joan Parés Grahit, Martí Olivella Solé, Catherine Sallarés Gegu, Miquel Chicano Colodrero, Enric Suárez González, Manuel García Sanz, Joan Verdura Pons y Jordi Via Llop. El nombre del Centro es deudor del pedagogo y maestro de maestros Joan Bardina y Castarà (Sant Boi de Llobregat 1877 - Valparaiso 1950) que además de revolucionar la pedagogía catalana de principios del siglo XX, fue un buscador y sugerente de nuevos caminos sociales, económicos y políticos. A este proyecto se añadieron mis amigos, colaboradores y varias personas interesadas en el estudio y la profundización de mis teorías propuestas. Muchos de los trabajos que se encauzaron fueron subvencionados por el mecenazgo de algunos amigos míos y otros.

El centro de trabajo se instaló a la calle de Almogávares 43, en la antigua fábrica de mi familia, la que posteriormente fue expropiada a beneficio del Parque de la estación del Norte.

Durante los tres cursos previos a la fundación del Centro (1981-1984) la escuela AHIMSA (calle Mistral), dirigida por Lluís M. Xirinacs me invitó a dar una clase semanal, el primer año sobre la moneda telemática, el segundo sobre la prehistoria y la historia de la economía y el tercero sobre una posible Constitución (Decretos - ley) renovadora. En este tiempo frecuentaba un grupo de jóvenes a «l'ajuda dels caputxins» de Sant Pere més baix. Allí conocí a Magda Grau, gran estudiosa de mis proyectos que por este motivo estudió la carrera de Economía y escribió el libro Ensayo sobre moneda, mercado y sociedad, editado por nuestro centro.

El año 1979, cuanto frecuentaba el Club de amigos de la Unesco conocí a Joan Parés Grahit, que rápidamente fue mi amigo y secretario colaborador en la realización de los cursos que se hacían a Ahimsa. Posteriormente fue uno de los fundadores del Centro Bardina y mi médico homeópata.

Durante dos años Lluís M. Xirinacs estuvo escribiendo «Una tercera vía económica» ensartando sus escritos en forma de libro, basado en mis manuscritos ordenados por Magdalena Grau y subvencionado por Xavier Espar. Aún no ha sido publicado. Pero en él se han basado el «Diseño de civismo» y «El poder del dinero» de Martí Olivella i Solé que participó activamente en el Centro de Estudios Joan Bardina (1983 - 1991), sobre mi pensamiento.

En Lluís M. Xirinacs basó los aspectos económicos de su tesis doctoral «Un modelo global de la realidad», en las fórmulas económicas de formato y pretensión científicas de las cuales yo me sentía orgulloso.

El objetivo de la asociación es la de desarrollar estudios y propuestas que ayuden al diseño de modelos de solidaridad y convivencia humana. Las investigaciones en curso, planteadas por mí desde hace muchos años, se sitúan alrededor de los siguientes puntos:

  • Aplicación del «empirismo fenomenológico experimental» a los fenómenos sociales, económicos y políticos, susceptibles de ser analizados lógicamente y experimentados técnicamente, de cara a buscar estructuras favorecedoras de las libertades concretas.
  • Elaboración de una terminología unívoca - imprescindible en todo tratamiento «científico» de los fenómenos- según el estudio del significado original de las palabras y sus derivaciones (semi- etimo-linguística).
  • Estudio interdisciplinar de las diferentes etapas de la historia natural, especialmente la humana, como marco para comprender los conflictos sociales y mercantiles actuales.
  • Estudio sobre el determinante tema utilitario en la historia: economía, invento, empresa, capital, mercado, trabajo, moneda, ecología...
  • Estudio y propuestas sobre racionalización de la moneda, para convertirla en un instrumento responsabilizador, omniinformativo y, pues, intracontable, del mercado y de la sociedad («factura-cheque telemática»).
  • Estudio de las posibles consecuencias sociales que se derivan de la reforma monetaria telemática: archivo telemático de datos personales bajo protección de una Justicia independiente del Estado, simplificación fiscal, omnicontabilidad, mercometría exacta, ciencia económica experimental...
  • Elaboración de propuestas sobre:
    • «Libre mercado claro y sociedad transparente». Evitar que el «dinero mercantil» se transforme en «dinero de corrupción y de poder» e impedir la mercantilización de las vocaciones e instituciones liberales.
    • «Dialéctica entre «arquia i anarquia»». Precisar las funciones de los órganos de mando social a todos los niveles, para impedir la transformación en poder contra las personas individuales, sociales y nacionales.
    • «Dialéctica entre bien privado y bien común». Formulación de la hipótesis del «bien común mercantil» técnicamente experimentable con la «factura-cheque telemática».
  • Estudio de estrategias de consecución de las propuestas formuladas.

Nota:

1Entidad catalanista fundada en Barcelona (1930) por un grupo de amigos de Josep M. Batista i Roca. De carácter educativo y patriótico, organizó cursos de historia, literatura, círculos de estudios de dialéctica, etc.

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