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Publicación
Ensayo sobre Moneda, Mercado y Sociedad.
Magdalena Grau Figueras,
Agustí Chalaux de Subirà.

El poder del dinero.
Martí Olivella.

Introducción al Sistema General.
Magdalena Grau,
Agustí Chalaux.

Opinión
Crisis, Chalaux i la Moneda Telemática.
Lluís Busquets i Grabulosa.

Capítulo 2. La realidad monetaria a través de la historia. Ensayo sobre moneda, mercado y sociedad. Índice. Ensayo sobre moneda, mercado y sociedad. Capítulo 4. La factura-cheque. Ensayo sobre moneda, mercado y sociedad.

Capítulo 3. Características de un sistema monetario «científico».

  1. Medición y sistemas métricos.
  2. Las unidades de medida.
  3. Los procedimientos de medida.
  4. Los documentos de medida.

De todo lo que hemos visto en el capítulo 1 sobre como fueron los sistemas monetarios en sus orígenes y como deberían ser ahora, se deduce una afirmación fundamental: la naturaleza de todo sistema monetario es la de un sistema métrico para la medida del valor de cambio en el mercado de las mercaderías concretas.

De todo lo que hemos visto en el capítulo 2 sobre como se han transformado y como son actualmente los sistemas monetarios, se deduce también una constatación fundamental: el sistema monetario actual no es un buen sistema métrico, sino que mas bien es un sistema confusionista y confusionario.

En los capítulos que seguirán, plantearemos la necesaria reforma del sistema monetario vigente, la necesaria elaboración e implantación de un instrumento-documento monetario racional e informativo, integrado en el marco de un sistema monetario pro-científico8.

En esta tarea, debemos empezar por una reflexión general sobre cuales son las características que ha de reunir cualquier sistema métrico pro-científico. Seguidamente veremos como se concretan estas características en el caso de un sistema monetario.

1. Medición y sistemas métricos.

La medición es uno de los actos mas importantes de cualquier investigación «científica» que se quiera experimental.

El «científico», después de cuidadosas y exhaustivas observaciones de los fenómenos que estudia, emite una(s) hipótesis, que después habrá de contrastar con la realidad, a través de la preparación y realización de los oportunos experimentos.

Pero el experimento -que no es mas que una modificación a voluntad y controlada de la realidad, con vistas a obtener los resultados previstos por la hipótesis en juego- implica la captación, lo mas exacta posible de la realidad experimentada y de sus variaciones y modificaciones, para que la comparación con los datos previstos por la hipótesis sea lo mas ajustada posible.

Para conseguir esta exactitud, esta fidelidad a la realidad de los fenómenos observados, nos valemos de la cuantificación, por medición de dichos fenómenos. La cuantificación es un procedimiento de captación de datos que afina la aproximación a la realidad, pero además lo hace de una manera objetiva.

La cuantificación de los fenómenos -o mejor dicho, de cada una de las pervalencias 9 consideradas en los fenómenos- es una condición indispensable de toda «ciencia» experimental.

Para la cuantificación nos servimos de un instrumento que es el sistema métrico, conjunto de convenciones y procedimientos de medición que nos permiten observar la realidad bajo un aspecto cuantitativo.

Hay que señalar que la representación cuantitativa de la realidad no nos da ninguna verdad -ya que la cuantificación es una pura invención y convención abstracta del hombre. Sí que nos permite, en cambio, el acercarnos a la realidad con objetividad y en consecuencia, con eficacia. Ya que la formulación de leyes cuantitativas sobre los fenómenos es la base de la posterior actuación y modificación en propio beneficio de los citados fenómenos -modificación que llamamos técnica-.

Así pues, toda «ciencia» ha de disponer de sistemas métricos adecuados para la medición y cuantificación de las pervalencias que le interesa estudiar.

La Física, por ejemplo, dispone de sistemas para la medida de pervalencias tales como la longitud, la densidad, el tiempo, la temperatura...

Y en cambio, la ciencia de mercado, que nosotros llamamos Mercología, no dispone de ningún sistema métrico adecuado para la medida de una de sus pervalencias fundamentales: el valor de cambio en el mercado de las mercaderías concretas existentes. El sistema monetario ha de ser este sistema, pero actualmente no reúne ninguna de las condiciones indispensables para poder cumplir con eficacia esta función.

Todo sistema métrico pro-científico ha de constar, como mínimo de los tres elementos siguientes:

  1. Una unidad de medida, rigurosamente definida, totalmente abstracta y convencional.
  2. Un procedimiento de medida que permita, en la práctica, el acto de medición: eso es, que permita el contar cuantas de las unidades definidas contiene un fenómeno concreto observado.
  3. Un documento de medida que deje constancia documentaria de cada acto de medición realizado, para poder proceder a un análisis y estadística de conjunto.

2. Las unidades de medida.

Las unidades de medida que se inventan para medir una pervalencia dada de un fenómeno determinado, son conceptos totalmente abstractos y su invención es totalmente arbitraria. La única condición es que su definición sea muy precisa y rigurosa.

Por ejemplo, la unidad de longitud es el metro; éste puede definirse como «la distancia de la diezmillonésima parte del cuadrante del meridiano terrestre».

En mercología, la pervalencia fundamental que nos interesa medir es el valor de cambio de las mercaderías concretas; la unidad de medida de esta pervalencia es la unidad monetaria, que recibe nombres distintos en cada Estado, ya que cada uno define su propia unidad monetaria (como antiguamente también cada país definía sus propias unidades de longitud, peso, volumen...).

Pero las unidades monetarias son una clase de unidades de medida muy especial, que no permanecen estables. Efectivamente, el valor de cambio de las mercaderías concretas no es siempre el mismo, no es idéntico en diferentes situaciones de espacio y tiempo. La distancia entre Barcelona y Madrid es siempre la misma; pero el valor de cambio de un litro de vino varía en el espacio y tiempo, en función de una serie muy compleja de causas, que aquí no analizaremos.

Como que la realidad que quiere medir es variable, la unidad monetaria también es variable: no hay ninguna constante exterior invariable en relación a la cual definir el valor de la unidad monetaria, de manera que la definición de esta unidad no es fija, sino que evoluciona correlativamente a las variaciones en el valor de cambio de las mercaderías concretas que mide.

Además, la unidad monetaria no puede definirse en relación a una única mercadería privilegiada, sino que, en un espacio geopolítico dado, ha de definirse en referencia al conjunto de todas las mercaderías que circulen en el período de tiempo considerado.

3. Los procedimientos de medida.

Una vez definida con rigor y precisión una unidad de medida cualquiera, es preciso inventar la manera de poder realizar, en la práctica, las mediciones de fenómenos concretos que interesen a cualquier persona.

Realizar una medición no es otra cosa que contar el número de unidades abstractas que contiene un fenómeno concreto cualquiera.

En el caso de las unidades de longitud, todos conocemos los metros, las reglas y tantos otros instrumentos y técnicas de medición, que constituyen los procedimientos de medida.

En el caso de las unidades monetarias, el único procedimiento imaginable de realizar la medición del valor de cambio de una mercadería concreta es el cambio mismo, el libre contrato cambiario-monetario realizado entre dos agentes del mercado. Es la libertad del juego del mercado que genera precios y salarios asignados a cada mercadería concreta (producida o productora, respectivamente), en el mismo momento en que se realiza un acto de compra-venta.

Precios y salarios son entidades mixtas, concretas-abstractas, que resultan de cada acto de medición, de cada intercomparación entre la mercadería concreta a medir y la unidad monetaria abstracta, en el mercado libre.

Y paradójicamente, es del conjunto de precios y salarios fijados en un espacio-tiempo dado que se puede, por una operación inversa a la de esta fijación, definir el valor de la unidad monetaria en este espacio-tiempo. Ya que el valor de la unidad monetaria -llamada dinero- no es sino su capacidad de compra media en cada espacio-tiempo dado.

4. Los documentos de medida.

La última condición indispensable para todo sistema métrico pro-científico, es que todo acto de medida realizado esté bien documentado, tanto de cara a poder verificar su validez, como de cara a poder, después, utilizar los resultados elementales obtenidos en análisis y estadísticas del conjunto observado.

Así, cada acto de medida del valor de cambio de una mercadería concreta cualquiera -es decir: cada intercambio mercantil elemental- es preciso que esté plenamente documentado.

Como ya hemos visto en el capítulo 1, en un sistema monetario racional, esta documentación se realiza automáticamente a través de los instrumentos monetarios o documentos monetarios. Efectivamente, los instrumentos-documentos monetarios son instrumentos en tanto sirven para facilitar los intercambios; pero también son documentos porque recogen y conservan el acto mercantil efectuado a través de ellos.

Las condiciones mínimas que deben exigirse a una documentación seria son las dos siguientes: primero, que cada acto de medida libre su propio documento; segundo, que este documento sea exhaustivo, eso es, que consigne todas las circunstancias significativas que concurren en el acto de medida realizado.

Y es principalmente por este lado que falla el sistema monetario actual: porque falta absolutamente una documentación adecuada.

En el sistema monetario vigente, los instrumentos monetarios están constituidos, principalmente, por piezas de moneda, pseudo-billetes de banco y dinero bancario. Pero todos estos instrumentos, en lugar de documentar los actos de medición-intercambio en que se utilizan, son de naturaleza esencialmente antidocumentaria. Mas que documentar, puede decirse que esconden la realidad, debido a sus características de:

  • dinamicidad: no documentan una única transacción mercantil elemental, sino que sirven en multitud de intercambios, circulan en el mercado por tiempo indefinido y cumpliendo su papel en una cantidad desconocida de intercambios elementales. Debido a esta movilidad permanente, los instrumentos monetarios actuales son anticientíficos por, fundamentalmente, antiestadísticos. No hay estadística posible con unas realidades tan incontroladamente dinámicas.
  • uniformidad: los instrumentos monetarios actuales son idénticos entre ellos; solo varían en cuanto al número de unidades monetarias que representan, pero no suministran ninguna indicación respecto a los detalles particulares de cada intercambio elemental en el que intervienen. No nos dicen que se ha intercambiado, ni como, ni cuando... Esta uniformidad es también anticientífica por antianalítica. No hay análisis posible de la compleja y fluida realidad mercantil, sin documentación precisa y detallada de cada acto elemental efectuado.
  • anonimato: finalmente, los instrumentos monetarios actuales son anónimos, es decir, no informan sobre quienes son los agentes de un intercambio mercantil o de un acto social-monetario dado. No permiten pues el asignar responsabilidades a los agentes monetarios. En este sentido, los instrumentos monetarios vigentes son, además de anticientíficos, antijusticiales, porque permiten realizar todo tipo de actividades monetarias sin que quede, de ellas, ningún rastro personalizador y responsabilizador.

Las tres características anticientíficas y antijusticiales de los actuales instrumentos monetarios que acabamos de citar, se aplican principalmente a los pseudo-billetes de banco, en los cuales son evidentes.

Ahora bien, el dinero bancario (principalmente cuentas corrientes, pero también muchas otras modalidades mas o menos conocidas por el profano), a pesar de que pueda parecer que no reúne estas características -por ejemplo: acostumbra a ser nominal- es también esencialmente antidocumentario, ya que si alguna documentación suministra sobre los actos realizados a través suyo, esta es secreto bancario. Además, puede convertirse en cualquier momento en pseudo-billetes de banco, quedando así su rastro completamente cortado.

Si los instrumentos monetarios actuales son la negación de lo que hemos designado instrumento-documento monetario, nos hace falta, en consecuencia, repensar el instrumento monetario capaz de constituir la garantía eficaz de una medición exacta y plenamente documentada del valor de cambio de todas y cada una de las mercaderías existentes en un mercado dado.

Documentar con exactitud y precisión cada libre acto de intercambio mercante-monetario y cada libre acto social-monetario es la única manera de conseguir la transformación de la mercología en una «ciencia» experimental. Y es también la única manera de conseguir, por la clarificación y transparencia monetarias obtenidas, la transformación de la corrupta sociedad actual en una sociedad más libre, más responsable y más justa.


Notas:

8Por pro-científico entendemos «que permite la ciencia, que está pensado de cara a la ciencia» (la ciencia en el sentido restringido del que hemos hablado en la introducción).
9 Una pervalencia es un «valor privilegiado» en el fenómeno, eso es, una característica, una dimensión, un aspecto... del fenómeno, que nos interesa particularmente observar y estudiar.

Capítulo 2. La realidad monetaria a través de la historia. Ensayo sobre moneda, mercado y sociedad. Índice. Ensayo sobre moneda, mercado y sociedad. Capítulo 4. La factura-cheque. Ensayo sobre moneda, mercado y sociedad.

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