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Ensayo sobre Moneda, Mercado y Sociedad.
Magdalena Grau Figueras,
Agustí Chalaux de Subirà.

El poder del dinero.
Martí Olivella.

Introducción al Sistema General.
Magdalena Grau,
Agustí Chalaux.

Opinión:
Crisis, Chalaux i la Moneda Telemática.
Lluís Busquets i Grabulosa.

Capítulo 3. La realidad monetaria a través de la historia. Moneda telemática y estrategia de mercado. Índice. Moneda telemática y estrategia de mercado. Capítulo 5. Premisas para un instrumento monetario racional. Moneda telemática y estrategia de mercado.

Capítulo 4. El sistema monetario actual.

  1. Objetivos de este capítulo.
  2. Las formas del sistema monetario actual.
  3. Invención de dinero en el sistema monetario actual.
  4. La mundialización de las relaciones utilitarias.
  5. Las funciones del sistema monetario en la actualidad.

1. Objetivos de este capítulo.

Después del recorrido a lo largo de la historia de los sistemas monetarios, se dedicará este capítulo al análisis más detenido del sistema monetario actual y de los graves problemas sociales que este sistema genera, tanto a nivel de mercado y sociedad interior, como a nivel de comercio exterior y sociedad mundial.

2. Las formas del sistema monetario actual.

A lo largo de la evolución de los sistemas monetarios, se ha ido abriendo una brecha cada vez más profunda entre el valor concreto-intrínseco de los metales preciosos y el valor auxiliar-abstracto de los instrumentos monetarios. Con el advenimiento del papel moneda, estas dos realidades quedaron ya definitivamente disociadas y desde entonces no tienen nada que ver la una con la otra.

Llegados a este estadio de desarrollo, el sistema monetario, libre del lastre pesado de los metales, puede evolucionar hacia formas cada vez más intangibles, más desmaterializadas, más abstractas, de acuerdo con su naturaleza primitiva.

Y eso es, efectivamente, lo que ha ocurrido y lo que continúa ocurriendo en la actualidad ante nuestros ojos. Hoy el papel moneda, completamente desvinculado del oro, ya no es el único instrumento monetario utilizado. A él se ha añadido el denominado dinero escritural o dinero bancario, que es una invención de los bancos para hacer frente a la escasez de papel-moneda. La emisión del mismo está, oficialmente, controlada por el Estado a través de su Banco Central.

El dinero escritural no es otra cosa que la inscripción de unidades monetarias en una cuenta corriente abierta en un establecimiento bancario. Se deposita en el banco una cierta cantidad de papel moneda y, por esta misma cantidad, el banco abre una cuenta corriente en la que habrá sólo inscripciones de movimientos de unidades monetarias. Los pagos y los cobros ya no se harán entregando billetes de mano en mano, sino por un simple juego de escrituras entre cuentas diferentes: la del cliente y la del proveedor.

Ahora bien, en cualquier momento el propietario de una cuenta corriente, si ésta es a la vista, tiene derecho a convertir el montante de su cuenta en papel moneda. Desde este punto de vista, la circulación monetaria representada por las pasaciones de escrituras entre cuentas corrientes se tiene que considerar subsidiaria de la circulación de papel moneda, ya que no tiene una independencia total.

La circulación monetaria escritural se ha convertido en el instrumento monetario por excelencia en todos los países donde el desarrollo del comercio y la industria concurren a multiplicar los intercambios efectuados: es muy cómodo, no se pierde y, sobre todo, como veremos en el próximo apartado, es el medio por excelencia del crédito bancario. En algunos países la circulación de dinero escritural llega a representar hasta un 80 % de la circulación monetaria total.

La continua evolución tecnológica, por otro lado, está convirtiendo rápidamente la circulación escritural en circulación electrónica: unas simples pulsaciones eléctricas y unas memorias magnéticas son suficientes para realizar las pasaciones de escrituras; incluso se puede suprimir el ya clásico «talonario de cheques» por sistemas sofisticados de transferencia electrónica de fondos.

Esta desmaterialización creciente de la realidad monetaria es la prueba más evidente de su naturaleza fundamentalmente instrumental-abstracta.

3. Invención de dinero en el sistema monetario actual.

Nos encontramos pues, actualmente, con dos formas diferenciadas de instrumentos monetarios:

  1. De un lado, los billetes de banco o papel moneda -junto con las piezas de moneda, las cuales tienen un valor nominal muy superior a su valor metálico intrínseco1-. Estas formas son de emisión monopolizada por la Banca del Estado o Banco Central y constituyen así los medios de pago legales.
  2. De otro lado, los medios de pago escriturales, emitidos por los bancos no oficiales con la intención de eludir el monopolio anteriormente citado. Estos instrumentos son comúnmente aceptados y utilizados por simple confianza en los establecimientos bancarios emisores.

Dado que, en principio, hay dos circulaciones monetarias paralelas, también habrá que considerar dos tipos de invención de dinero que se desarrollan en la actualidad.

A. Invención de dinero bajo forma de papel moneda. Esta se da siempre que se ponen en circulación nuevos billetes de banco en una cantidad superior a la existente hasta el momento considerado.

Esta emisión suplementaria de billetes de banco (o también piezas de moneda) puede tener lugar siempre que el Banco Central realiza una de las siguientes operaciones:

  • operaciones con el Estado: puede tratarse de anticipos sobre los fondos que el Estado espera recaudar a través de los impuestos; o bien de créditos concedidos al Estado a través de la adquisición de títulos de deuda pública.
  • operaciones con los particulares -y especialmente con los bancos-: puede tratarse igualmente de anticipos sobre títulos o mercancías, o bien de créditos a los bancos a través del redescuento de efectos comerciales.
  • operaciones con divisas: compras de divisas extranjeras.

B. Invención de dinero bajo forma de unidades monetarias inscritas en cuenta corriente. Ya se ha dicho que la circulación de dinero escritural es subsidiaria de la circulación de papel moneda; pero eso no quiere decir que sea menos importante. El procedimiento de las escrituras en cuenta corriente, ciertamente, evita hacer correr muchos billetes; pero, además, permite crear una nueva circulación monetaria. Para conseguirlo sólo es necesario que el banco abra una cuenta corriente sin que haya depósito previo de billetes. Esta es hoy día la forma más usual de crédito bancario, ya se trate de crédito normal y corriente, de descuento de efectos o de pignoración de valores.

En principio, la única limitación de la expansión de este tipo de crédito y consecuente invención de dinero consiste en el hecho de que cualquier depósito a la vista -incluídos los que son fruto de un crédito- es convertible inmediatamente en billetes a simple petición de su propietario. Por este motivo, es preciso que el banco emisor guarde siempre una relación prudencial entre el total de depósitos en papel moneda depositados en el Banco por el público y el total de créditos concedidos, al objeto de que esta convertibilidad quede siempre asegurada. Los bancos, de esta manera, no pueden inventar poder de compra ilimitadamente, sino que han de sujetarse a una proporción determinada entre invención y depósitos en papel moneda.

Descendiendo a un nivel más preciso de análisis, la teoría comúnmente aceptada por los especialistas pone de manifiesto que la posibilidad de invención de dinero bancario escritural es función de tres realidades.

Primera: La emisión de poder de compra por parte del Banco Central. Ya se ha dicho que los instrumentos bancarios escriturales son subsidiarios del papel moneda ya que se fundamentan en su convertibilidad en éste. De manera que si no hay una nueva invención de papel moneda -o, en general, de pasivo del Banco Central-, no puede haber una nueva emisión de dinero escritural bancario. Si el Banco Central no crea nuevo poder de compra, tampoco pueden hacerlo los bancos privados.

Segunda: La relación entre efectivo y depósitos elegida por el público. Efectivamente, si la gente prefiere guardar el papel moneda en casa, en lugar de llevarlo al banco, los depósitos serán menores, y será menor, pues, la posibilidad de inventar poder de compra a partir de ellos. Inversamente, cuanto más se deposita en el banco más capacidad tiene éste de conceder créditos.

Tercera: La relación entre reservas y depósitos que mantenga cada banco. Si entendemos por reservas de un banco la suma total del papel moneda y piezas de moneda depositadas en él por sus clientes, más los depósitos de dicho banco en el Banco Central, veremos que corresponden a lo que podríamos denominar su «masa de maniobra». La relación entre estas reservas y el total de depósitos detentados por sus clientes (ya sea mediante depósito previo de efectivo, ya sea por crédito), es lo que se denomina coeficiente de caja, y ya se ha indicado antes que era fundamental para asegurar en todo momento la convertibilidad de estos depósitos. De manera que la concesión de créditos -que supone la apertura de nuevas cuentas- no puede poner en peligro esta relación.

Dado que el coeficiente de caja es fundamental para garantizar la liquidez del banco, es decir, su capacidad de convertir los depósitos en efectivo, el Banco Central cuenta con dos instrumentos principales para garantizarla:

  • La imposición de una reserva obligatoria: el Banco Central puede obligar a los bancos a depositar en él una parte de sus depósitos, inmovilizándolos.
  • El aumento del tipo de redescuento: por este procedimiento se obliga a los bancos a aumentar también sus tipos de interés y así se desalientan las demandas de crédito, especialmente si es en forma de descuento.

De todo lo que se ha dicho hasta aquí, se desprende que el Banco Central parece jugar un papel fundamental de control en el proceso de invención de dinero escritural bancario: en primer lugar por su iniciativa como inventor de papel moneda y en segundo lugar por los instrumentos de política monetaria de que dispone para supervisar y controlar la acción de los bancos privados.

Pero esta visión de la realidad, que es corrientemente aceptada y definida por la mayoría de los expertos, puede ser cuestionada y puesta en duda en sus aspectos más fundamentales. En todo lo que se dirá a continuación, nos remitimos al artículo de Francisco Vergara Les faux-fuyants du monétarisme2.

Lo primero que se puede objetar es que el propio Banco Central es incapaz de controlar su emisión monetaria. Ya se ha dicho que el Banco Central inventa dinero siempre que emite billetes en función de crédito. Ahora bien, el Banco Central no puede rehusar a los bancos el redescuento de papel firmado por empresas solventes, sin poner en peligro toda la pirámide del crédito, y tampoco tiene ningún medio para impedir la elevación del valor nominal de este papel, elevación que aumenta evidentemente el valor de la masa monetaria.

En segundo lugar, el instrumento que se ha considerado siempre como el mejor medio para limitar el crédito bancario, como es la elevación del tipo de redescuento practicado por el Banco Central, parece que logra precisamente resultados contrarios a los esperados, es decir un mayor incremento de la masa monetaria, debido a que los altos tipos de interés atraen aún más los capitales.

Finalmente, es preciso hacer hincapié en que hoy existen multitud de otras formas de liquidez, a parte del papel moneda y de los instrumentos escriturales bancarios, que ya no pueden ser controlados por el Banco Central. La confusión que esta situación origina es fácilmente observable por la simple consideración de la dificultad que existe para definir lo que se entiende por medios de pago1F. Vergara cita a Lord Kaldor: «No hay línea de demarcación clara en el interés del conjunto de la liquidez, entre lo que es moneda y lo que no lo es. Sea cual sea la definición que se seleccione para la moneda, esta definición estará rodeada por una miríada de instrumentos más o menos líquidos que pueden servirle de sustitutos3».

Al lado, pues, de estos instrumentos legales, teóricamente controlados por el Banco Central, van apareciendo nuevos instrumentos que el público acepta y utiliza. Estos instrumentos nacen no sólo dentro de los bancos, sino incluso en el seno de las propias empresas.

Es fácil deducir de todas las consideraciones anteriores que en la actualidad no se puede ejercer un control eficaz sobre la invención de dinero.

El resultado inmediato de esta situación es que cada banco, dentro de los condicionamientos más o menos estrechos que le impone el Banco Central actúa según sus propias conveniencias, y no existe una articulación efectiva a nivel de sociedad geopolítica que permita dibujar estrategias globales para todo el mercado.

No es que las necesidades del mercado, excesos o déficits sectoriales de liquidez sean totalmente ignorados: la prueba está en que la banca es en la actualidad, y más que nunca, un buen negocio. Pero las medidas para atender estas necesidades están enfocadas empíricamente, parcialmente y no en función del bien común, sino casi siempre a favor de los sectores privilegiados de la sociedad.

Los Bancos Centrales no disponen de instrumentos efectivos para el control de la situación, y la teoría monetaria tampoco dispone de soluciones conceptuales adecuadas ya que ni tan sólo ha sido capaz, hasta hoy, de definir con precisión y rigor el concepto de sistema monetario.

La antiestrategia de mercado y de invención de dinero que se sigue, tiene la prueba más palpable en la actual crisis de inflación-deflación (stagflación) que tanto preocupa, y para la cual nadie sabe de momento encontrar una solución.

4. La mundialización de las relaciones utilitarias.

A la situación de desorden monetario que acabamos de describir, hay que añadir todos los problemas derivados de la actual mundialización de las relaciones utilitarias.

El comercio entre países diferentes es un hecho cada vez más generalizado y de mayor alcance y es preciso poner de relieve todas sus ventajas y todos los aspectos enormemente positivos que comporta. La división del trabajo a nivel mundial es un hecho que es necesario potenciar, siempre que se haga según el principio del equilibrio real de balanzas, estrategia principal que hay que seguir para garantizar la viabilidad del comercio exterior.

Ahora bien, si el sistema monetario interior de cada sociedad geopolítica es una fuente de error y confusionismo, hay que pensar que a nivel de concierto mundial la situación no resulta más reconfortante. Lo que pasa simplemente es que en la confrontación de divisas, los países más fuertes «exportan» sus problemas monetarios a los más débiles, de manera que la situación de éstos todavía se agrava más. Los problemas monetarios atraviesan fronteras y en este juego siempre hay unos vencedores y unos vencidos.

La cuestión monetaria fundamental que se plantea en toda transacción de comercio exterior, es la de qué medios de pago hay que utilizar, ya que cada sociedad geopolítica tiene una moneda de validez estrictamente interior.

Esta cuestión estaba fácilmente resuelta en el régimen de moneda metálica intrínseca, de oro o plata, porque todos los pagos se hacían en metal mundialmente aceptado.

En régimen de patrón oro, -es decir, de moneda metálica intrínseca o papel moneda convertible- continuaba sin haber, al menos en teoría, ningún problema, ya que la convertibilidad de la divisa garantizaba una paridad determinada en oro, así como un equilibrio dinámico de balanzas. El equilibrio de balanzas se basa en diversos mecanismos: las transferencias de oro de los países con déficit a los países con superávit; el posterior movimiento equilibrador del nivel general de precios y todo esto reforzado por la intervención del Banco Central sobre el tipo oficial de redescuento.

Ahora bien, con la carda del patrón oro y, en consecuencia, con la convertibilidad interna de las unidades monetarias de cada país, las relaciones con el comercio exterior llegan a ser complejas y confusas. Entre 1.930 y 1.945, una serie de medidas proteccionistas -como aranceles, contingentación, suspensión de la convertibilidad externa y del mercado libre de divisas, etc...- redujeron en gran medida el comercio mundial. Durante la Segunda Guerra Mundial la contratación fue máxima.

Con objeto de encontrar un sistema viable para la reanudación del comercio mundial, en julio de 1.944 se firmaron los acuerdos de Bretton Woods, en los que los EEUU, de hecho, impusieron aquello que más les convenía.

Estos acuerdos contemplaban:

  • el restablecimiento de la convertibilidad entre las distintas inter-divisas;
  • el compromiso, por parte de todos los firmantes, de mantener los tipos de cambio fijos dentro de unos límites muy estrechos; y
  • la constitución del dólar y la libra esterlina como monedas de reserva, es decir, como medios de pago internacionales, aceptados por todos los firmantes para el pago de las transacciones. Estas dos monedas mantenían, Únicamente para transacciones de comercio exterior, una convertibilidad en oro que garantizaba su fortaleza. Por este motivo el sistema instaurado en Bretton Woods recibe el nombre de gold exchange standard o patrón de cambios oro.

A pesar de que su implantación hizo posible, al cabo de cierto tiempo, relanzar y hacer prosperar el comercio internacional en el área occidental, el sistema tenía en sí mismo algunos inconvenientes que no tardaron en ponerse de manifiesto.

El primer inconveniente era la subordinación de los países considerados «débiles» a los considerados «fuertes». En efecto, cuando una sociedad geopolítica cualquiera contrae un déficit en su balanza comercial, sólo tiene dos recursos; acudir al crédito internacional o bien acudir a su reserva de divisas. Ahora bien, si el déficit es contraído por una sociedad geopolítica emisora de moneda de reserva, esta sociedad puede, en definitiva, financiar su déficit mediante nuevas emisiones monetarias.

Este fue, precisamente, el caso de Estados Unidos. Los EE.UU. han aprovechado su posición monetaria privilegiada hasta el límite de sus posibilidades, reabsorbiendo enormes déficits de su balanza de pagos a través de la emisión incontrolada de dólares. A señalar que el origen de este déficit no era un exceso de importaciones, sino una exportación de capitales no respaldada por la correspondiente entrada de mercancías.

Richard Nixon.Esta política de financiación del déficit de EE.UU. dio lugar a una tal inflación de dólares en Europa (exportación de inflación), que la convertibilidad del dólar, bajo la perspectiva de los criterios oficiales, instaurada en Bretton Wodds, se puso en peligro. La inconvertibilidad fue un hecho desde 1.967-68 aunque no fuese declarada oficialmente hasta agosto de 1.971, fecha en la que el presidente Nixon denunció unilateralmente los acuerdos de Bretton Woods.

Desde entonces, ya pesar de los intentos de reordenación que representaron los acuerdos de Washington de diciembre de 1.971 -también denunciados unilateralmente por Nixon en 1.973- el gold exchange standard ha sido definitivamente abandonado y, actualmente, los cambios de divisas se consideran flotantes, esto es, no conocen paridades fijas sino que se contratan en un mercado de divisas. No hay, pues, ninguna referencia a una posible convertibilidad en oro.

La flotación de divisas no es por si misma ningún mal para el comercio exterior. Desde esta óptica, la situación actual no sería particularmente grave si no fuera por una constatación fundamental; hasta que las monedas interiores de cada sociedad geopolítica no se racionalicen, tampoco el comercio exterior podrá ser racional y, como consecuencia, no podrá alcanzar el necesario equilibrio de balanzas, objetivo que constituye su estrategia fundamental. Es imposible realizar un comercio exterior equilibrado mientras:

  1. Las unidades monetarias de los más fuertes continúen imponiéndose a las de los más débiles. A pesar de sus crisis, el dólar ha sabido contrarrestar la situación y, todavía hoy, conserva una posición de preeminencia y privilegio que le permite ir exportando todos sus problemas monetarios internos.
  2. Continúa existiendo un mercado especulativo de divisas. Este punto es de una importancia capital. La posibilidad de cambiar unas divisas contra otras, sin que este movimiento responda a un movimiento paralelo de mercancías, alienta en gran medida la realización de operaciones puramente especulativas. Cuando éstas se hacen en gran escala (movimientos erráticos de capitales), resulta que coadyuvan a reforzar los desequilibrios monetarios existentes en el seno de cada sociedad geopolítica. Ponen a los Bancos Centrales entre la espada y la pared, obligándoles a acciones externas ante la necesidad de mantener dentro de límites razonables la paridad de su divisa. Como siempre, los más perjudicados son los más débiles, tanto a nivel mundial como a nivel de cada sociedad interior.

5. Las funciones del sistema monetario en la actualidad.

Llegados a este punto, estamos en condiciones de extraer las conclusiones finales del análisis que hemos desarrollado sobre los sistemas monetarios.

Joseph A. Schumpeter.En cuanto a la naturaleza del sistema monetario, sus formas actuales nos muestran, más que nunca, su fundamental abstracción. La confrontación histórica entre nominalismo y metalismo ha sido ampliamente ganada por el primero, a pesar de que les referencias y defensas de las teorías metalistas sigan conservando su vigencia muchos libros y escritos sobre el tema. No obstante, la mayoría de críticos reconocen hoy que el sistema monetario es un mero instrumento auxiliar sin ninguna necesidad de asumir un valor intrínseco y concreto. Sólo hay que citar a Schumpeter y a Lord Kaldor.

En cuanto a las funciones mercantiles y sociales del sistema monetario, se puede concluir, después de todo lo expuesto en este capítulo, que más bien se trata de disfunciones: las funciones ancestral mente asumidas por los sistemas monetarios (ver el capítulo 2) están totalmente deformadas y desfiguradas en la actualidad.

  1. Disfunción métrica: la unidad monetaria es, por su naturaleza, una unidad de medida. Como tal reúne en la actualidad una serie de defectos que la inhabilitan para cumplir con precisión y fiabilidad esta función. En el próximo capítulo se especificarán las características mínimas que debe cumplir un sistema métrico racional y eficiente.
  2. Disfunción instrumental: los instrumentos monetarios actuales -papel moneda e instrumentos escriturales- funcionan como intermediarios en el intercambio de mercancías pero, actualmente, esta función está muy desdibujada ya que es compartida por multitud de otros instrumentos sobre los cuales nadie ejerce ningún tipo de control.
  3. Disfunción documentaria: esta función, cumplida sólo parcialmente por los instrumentos escriturales, es totalmente ignorada por el papel moneda, que es anónimo y despersonalizado. De hecho, podríamos decir que el sistema monetario actual es un sistema anti documentario. Esta realidad tiene consecuencias de enorme importancia, no sólo en el campo estrictamente mercantil, sino también en el campo social y más aún en el campo informativo. Gracias a su anonimato, el sistema monetario actual permite que se cometan con total impunidad actos de corrupción evidentemente muy perjudiciales para la sociedad: robos, evasión fiscal, evasión de capitales, caciquismo, compra de jueces, de políticos, de funcionarios, etc.
  4. Disfunción estratégica: a causa de sus defectos métricos y documentarios, el sistema monetario actual se encuentra incapacitado para servir como instrumento de una estrategia mercante-monetaria racional y eficaz: esta incapacidad se traduce en la terrible crisis que se manifiesta tanto en los mercados interiores como en el comercio exterior.

La necesidad de cambiar el sistema monetario actual es la conclusión que sigue de lo expuesto hasta aquí.

Se debe reinventar un sistema monetario racional e informativo capaz de cumplir con eficacia las funciones que, como hemos visto, en su origen poseía.

Por consiguiente, dedicaremos los próximos capítulos de este ensayo a la descripción de un posible nuevo sistema monetario, más racionalmente adaptado a las exigencias del mercado moderno. Se dará especial importancia a su función de documentación e información sobre el mercado.


Notas:

1Cuando, debido a la incontenible inflación, una pieza de moneda fundida da un beneficio mercantil interesante con relación a su valor nominal, todas las piezas de moneda de dicho tipo desaparecen rápidamente de la circulación.
2F. Vergara: «Les faux-fuyants du monétarisme», Le Monde Diplomatique, diciembre 1.983.
3Artículo citado en la nota 2, página 3 en el original.

Capítulo 3. La realidad monetaria a través de la historia. Moneda telemática y estrategia de mercado. Índice. Moneda telemática y estrategia de mercado. Capítulo 5. Premisas para un instrumento monetario racional. Moneda telemática y estrategia de mercado.

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