La
inspiración, el aliento, el espíritu fue Horace
Finaly, judío húngaro, emigrado al Estado francés,
presidente del Banco de París y de los Países Bajos, gran
financiero, erudito, humanista, filósofo, lector de los clásicos
griegos en el idioma original, depositario de viejas y sabias tradiciones
platónicas. El da el nombre a la Escuela que edita este libro.
La clarividencia, el rigor, la estructura, las dos o tres intuiciones geniales y los cientos de soluciones y propuestas ingeniosas añadidas, como la carrocería a un motor de un Mercedes, toda una vida dedicada, mas de tres cuartos de siglo, a perfilar un sistema general económico, social y político, en el ámbito de los fenómenos y una inconmovible fe en el ámbito de la transcendencia. Esto es obra de Agustí Chalaux.
La faena amorosa, competente, ordenada, precisa de redacción de esta obra corresponde a Magda Grau. La conocí en una reunión en los capuchinos de la Ayuda, al barrio de Ciudad Vieja de Barcelona. Cada semana aquellos adolescentes se reunían libremente para escuchar pasmados la palabra viva del maestro, de Agustí Chalaux. Ella perseveró. Estudió economía. Y puso en forma de libro, este libro, aquello que Agustí decía y que otros escuchaban e intentaron fijar en primeras redacciones mas imperfectas.
En estas cortas primeras líneas de este escrito no me resisto a poner en el papel las, para mi, tres intuiciones fundamentales de Finaly-Chalaux: